domingo, 12 de febrero de 2017

¿Cuán Rumildo somos?...

A principios de los años 80´s el actor chileno Julio Jung interpretó a Rumildo, un personaje creado por el también chileno Mario Arancibia, el cual fue utilizado en un principio en una campaña institucional publicitaria por Petróleos de Venezuela, en la que el no ahorraba gasolina y también era súper infractor de las leyes de transito, luego fue utilizado en una película de cine titulada, Rumildo, detective privado.
Por supuesto el metro de Caracas lo inauguran en 1983, cuando la población según términos porcentuales y estadísticos era un poco mas del 75% menos de la actual, es por esta razón que la campaña se orienta al mal uso del vehículo, bien sea, derrochando combustible o infringiendo leyes de transito.
Pero lo que realmente preocupa es la cantidad de Rumildos que existen actualmente, personas que mientras unos hacemos la respectiva fila ordenada para ingresar al vagón, estos personajes se ubican en los primeros puestos para ingresar antes que todos los pendejos que tenemos cinco, diez, quince ó simplemente un minuto haciendo la cola, si corres con la suerte de que nadie se te adelante, mejor dicho, nadie se te colee, Rumildo entra en acción justo al abrir la puerta del vagón queriendo entrar atropellando al que se le atraviese, y muchísimas veces, es mas, mejor dicho, a diario veo tres, cuatro y hasta seis personas que no pueden salir en su estación destino porque se los llevaron por el medio devolviéndolos al interior del vagón, y eso que desde que el metro abrió sus puertas nos están sermoneando con la frase “Dejar entrar es salir mas rápido”.
Por otra parte, estos Rumildos se montan en los pasamanos de cemento para así saltar hacia el otro extremo y salir corriendo hacia el torniquete que también saltan; son los que si están muy apurados tocan a reventar el timbre de la alarma, generando esto retraso porque el operador tiene que preguntar si de verdad existe una alarma accionar de nuevo el botón; son los que se montan en los vagones de color azul para ancianos, embarazadas, personas con discapacidad, entre otros, gracias a la habilidad que poseen por no tener ninguna de las discapacidades descritas anteriormente se sientan, y enseguida se duermen como un lirón, que impresionante chico, de verdad imagino que al entrar se estaba cayendo de sueño, o que es sonámbulo y caminaba por inercia, mejor dicho, corría y saltaba por inercia; son los que por evitarse el fastidio de hacer una cola de cinco o seis personas para comprar el ticket pasan pegado de una persona que sí esta consumiendo un viaje de su ticket; son los que viajan en grupos de cuatro personas y solo una tiene un multiabono y como ahora no necesitas introducirlo al salir, la dueña del boleto entra, lo pasa a su compañero, este hace lo mismo y así sucesivamente; son los que van junto a dos personas y en la carrera típica por entrar al vagón antes de que este cierre puertas solo uno logra entrar, pero una vez adentro viendo que sus amigos no abordaran el mismo tren, el amigo impide el cierre de puertas con sus zapatos.
P.D.: Este escrito no podía terminar sin mencionar al Rumildo que es incapaz de aguantar una flatulencia cuando el vagón viene repleto de hombres, mujeres, niños, ancianos, en fin, transeúntes agotados de una larga jornada de trabajo, desesperados por llegar a sus destinos y encontrarse con sus seres queridos, esposas, hijos, abuelas, madres, o simplemente compañeros de alquiler.



Publicado por Ronny Garcés RON