jueves, 1 de enero de 2015

La convivencia es difícil cuando los vecinos no se respetan



-Por favor me quitas las bolsas de basura de mi puerta, pidió Gloria , residente del sector Campo Claro de Barcelona, a su vecina Berta, quien colocó tres sacos de desperdicios a dos metros de su entrada principal.  


-No tengo tiempo chama. Estoy apuradísima. Además, el aseo pasa ahorita. Si quieres te esperas, respondió la mujer ante el educado exhorto.
Acto seguido, Gloria perdió la paciencia. En medio de la rabia, tomó las bolsas, camino hasta la casa de su vecina y esparció los residuos en su  jardín. Aquellas dos mujeres terminaron revolcándose a puñetazos, al punto de que la policía tuvo que intervenir.  
El  enfrentamiento no fue casualidad. Al parecer, Bertha  y su esposo cometen el mismo abuso con frecuencia. Muchos los consideran como malos vecinos, pues siempre disponen de sus desechos en zonas y horas inadecuadas.
No es que antes la vecindad era ideal, pero se respetaba, dice Isabel Requena, y recuerda la estrecha relación que había entre las familias que ocupaban las casas de la vereda donde ella vivía en La Guaira.
“Todos se conocían. Compartían celebraciones y se apoyaban cuando alguno se enfermaba, cuando a otro le faltaba maíz para las arepas, cuando alguien moría. Se creaban compadrazgos eternos. Si había el chisme y la discusión, pero no era una constante. Tu vecino es tu familia, decía mi mamá y uno creció respetando eso. Pero ahora es difícil. Ahora hay hasta leyes para que los vecinos se respeten, y no se cumplen”, señala la mujer de 56 años.
El artículo 47 de la Ordenanza de Convivencia Ciudadana, promulgada por la Cámara Municipal de Bolívar el 14 de diciembre de 2010, estipula que las personas “deberán mantener en  forma adecuada la basura que almacenan en su condominio o casa, hasta que los encargados de la recolección la retiren en los días y horarios que le sean señalados”. El infractor será sancionado con 10 Unidades Tributarias (UT) (c/u Bs 96), es decir, con el pago de Bs 960.  
El mismo texto legal de Sotillo, sancionado por el cuerpo edilicio el 5/12/ 2005, refiere, en su precepto 24, que todo el que deseche bolsas de residuos en sitios públicos de modo que pueda afectar la salubridad, será sancionado con 5 Unidades Tributarias (Bs 480).  
En las comunidades populares de la zona norte de Anzoátegui (Barcelona, Lechería, Puerto La Cruz y Guanta) los abusos  van desde colocar equipos de sonido a alto volumen en horas de la noche y estacionar sus vehículos sobre las aceras o frente a los portones, hasta lanzar agua sucia a la vía pública.  
Para Dolores Contreras,  habitante del barrio Guamachito en la capital anzoatiguense, lo que más la afecta es cuando algún vecino pone la música a todo volumen.
Ella considera que está bien, que  cada uno hace en su casa lo que le da la gana, pero resulta que también tiene que pensar en el de al lado. Uno debe considerar a los demás y eso de poner una música que te impida dormir, no es justo.
“A mí me tocó, no una sino varias veces, tener que salir a pedirle a alguien que bajara  el volumen. Una vez, tenía la tensión alta y los vecinos prendieron su “discoteca”. Tomé fuerzas y les pedí que  apagaran la m´suica, pero me hicieron un gesto grosero con la mano y me mandaron a callar. Llamé a la policía, pero nunca llegó”.  
Dolores  tuvo que aguantarse a Chino y Nacho y Wisin y Yandel hasta las 3:00 de la madrugada. “Sentía como si los cantantes estuvieran metidos en mi cuarto.  Los malos vecinos hacen daño”.
A donde los policías tampoco asomaron “ni las narices” fue en el conjunto residencial  Parque Guaraguao en Guanta. Eran las 11:00 pm del jueves 12 de abril cuando unos mariachis despertaron  a Paula García, quien tiene un bebé de tres meses.  
Muy enfadado, su esposo abrió la ventana y pegó un grito exigiendo silencio, pero nada pasó. “Del lado de Los Cocalitos también ponen vallenato en las noches. No respetan el sueño de los demás”.  
Las ordenanzas de convivencia ciudadana son muy claras en este particular. En Guanta, el artículo 19, letra G, del texto aprobado el 11/12/2006, prohíbe la utilización de sonidos a alto volumen en cualquier hora del día, y establece una multa de 5 a 10 UT (desde Bs 480 hasta Bs 960) para quienes violen la norma.  
En Barcelona, el precepto 49 del texto local, especifica que las personas que contribuyan con la contaminación sónica serán sancionadas con 20 Unidades Tributarias, o lo que es igual a Bs 1.920.  

La caca del perro
Pero el mal vecino, incluso, es aquel que no dispone correctamente de los excrementos de sus perros. En los condominios es muy común.
“¿Quién no se acuerda de la madre del dueño del perro cuando va caminando y pisa su caca que ha quedado en la acera o en el jardín? Seguramente muy pocos”, señaló  Ruth Carmona, vecina de Urbaneja.  
Venezuela Ortiz, miembro del consejo comunal Península Sur de Lechería, que incluye los conjuntos residenciales Agua Marina, Flamingo, Pelicano y La Marina, asevera que en la capital de Urbaneja el problema de las mascotas es grave, más aún en su zona.  
“Las personas sacan sus animales a la calle, hacen su pupú y lo dejan regado. Lo correcto es que carguen una bolsa y recojan las heces cuando su amigo termine de defecar”.  
Manuel Rojas, vecino del conjunto residencial Las Aves en Barcelona, tiene que limpiar su jardín todos los días porque los perros lo utilizan como baño. “Estoy cazando al responsable. Cuando lo capture  tendremos problemas. Ya he pisado algunos restos”.  
En los conjuntos residenciales también son frecuentes los abusos relacionados, principalmente, con la cuota mensual para el mantenimiento de servicios y áreas comunes.
“Hay gente que no entiende que de esa cuota depende que la casa  que adquiriste con tanto esfuerzo no se desvalorice. Hay quien no paga, no es que se retrasa, es que no paga porque cree que eso  es un deber para poder tener derechos”, expresa Lucinda Carvajal, quien tiene a su cargo el condominio del edificio donde vive.
La Ley de Condominios y las normas internas de cada junta  regulan la utilización  de espacios comunes, pero muchos las   irrespetan.
En la urbanización Parque Guaraguao de Guanta, Josefina Moya afirma que algunos vecinos inescrupulosos han roto los baños y echan piedras a la piscina, mientras que en  en Las Aves, Manuel Rojas asevera se han encontrado  heces flotando.
Sobre el tema, admite que los espacios comunes siempre son motivo de conflicto y en ese sentido sugiere la radicalización de las medidas ante los incumplimientos de las normas de convivencia y de lo atinente a la utilización  de las áreas de uso común.

Pasos de denuncia
- Los organismos encargados de procesar las denuncias son la alcaldía,  Policía Municipal, comunidad organizada, consejos comunales y demás entes debidamente organizados. Además, el concejo municipal, jueces de paz.      
- La queja  podrá ser formulada en forma verbal o escrita.
- Cuando se reciba la denuncia verbal o escrita el órgano receptor competente  debe ordenar de inmediato la debida inspección con el apoyo de la policía municipal que corresponda.

Nada  nos vincula  
Para la doctora Carlota Salazar, exprocuradora de Anzoátegui y experta en el área social, la convivencia es un problema de orden social. “El ser humano para poder vivir en comunidad debe establecer normas de obligatorio cumplimiento para todos, para que todos (valga redundar) puedan vivir bien.     Estas normas nacen de la forma cómo se desarrolla la comunidad”. No obstante, sostiene que  el venezolano en su núcleo principal (su calle o su urbanización) no ha logrado identificarse en logros y objetivos comunes para mejorar su entorno. “Cree que papá gobierno lo resuelve todo y como lo hace mal, como va viniendo vamos viendo”. Salazar afirma que     esta actitud resta identificación con el “vecino, amigo, su prójimo, su hermano... no cada quien a los suyo y ¡¡ni se ven!! y hacen lo que les da la gana: bota la basura en la calle, música alta, para mal el carro y molesta..., pero ¿por qué? porque no hay nada que los una, no hay vínculos comunes. Hace falta organización y  sentido de pertenencia”.

  Lanza basura por la ventanao la tira a la calle, Pone la música a todo volumen o la tira a la calle, Y le gusta el chisme. Hay gente que no sabe vivir en comunidad