miércoles, 13 de noviembre de 2013

¿Puede afectar el porno tu vida sexual?


Ver porno puede influir en el comportamiento sexual y las actitudes de los adolescentes, pero en qué medida lo hace es algo que todavía se sigue debatiendo, informa la Plataforma Hablemos de Sexo y Amor.
Por Sarah Moses/Hablemos de Amor
Esto se debe a que los efectos del porno, ya sean positivos o negativos, son diferentes para cada persona. Según las investigaciones, otros factores como la personalidad y la cultura también son relevantes a la hora de determinar la influencia del porno en los adolescentes.
Parece ser que en estudios sobre los efectos del porno, los resultados dependen, en parte, de la cultura de los investigadores. Los holandeses, por ejemplo, tienen fama de ser abiertos respecto al sexo. Un reciente análisis holandés titulado “¿Justifica el ver el hacer?” aborda el tema con discreción. Sí, el porno puede afectar la manera en que los adolescentes practican sexo, aseguran los investigadores, pero probablemente solo un poco.
Sexo aventurero
Los estudiosos le pidieron a 4.600 jóvenes de entre 15 y 25 años que rellenaran una encuesta relacionada con todo, desde el mirar porno a sus experiencias con el sexo o incluso, el tipo de personalidad que tenían.
El 88% de los varones y el 45% de las mujeres había visto porno al menos una vez en el año anterior, y la mayoría lo hizo online, según los reportes. Otros estudios europeos arrojan resultados similares, por lo que podemos afirmar que la mayoría de los adolescentes está familiarizado con el porno.
En cuanto a sus efectos en los jóvenes holandeses, era más probable que los que habían tenido experiencias en el mundo del porno practicaran sexo aventurero: por ejemplo, formar tríos, irse a la cama con alguien que habían conocido online o pagar o recibir dinero por tener sexo.
Pero la diferencia era poco significativa respecto a aquellos adolescentes que no estaban interesados en el porno. En general, la conclusión del estudio es que el porno “es solo uno de los muchos factores que pueden influir en el comportamiento sexual de la juventud”, y que otras variables como la personalidad tienen seguramente más peso en las decisiones que los adolescentes toman y en sus actitudes respecto al sexo.
Actitudes poco realistas
Los británicos, por el contrario, tienen la reputación de ser más recatados en cuanto al sexo. Por lo tanto, y tal y como se esperaba, un reporte británico titulado “Básicamente…el porno está en todas partes”, arrojó unos resultados más negativos que los del estudio holandés.
Los investigadores concluyeron que los adolescentes británicos que miran porno son más proclives al sexo de riesgo, por ejemplo al practicar sexo anal u oral sin protección o combinarlo con el uso de alcohol y drogas. No obstante, no pudieron determinar si el porno era el desencadenante de estos comportamientos o si simplemente se producía paralelamente.
Los analistas británicos también afirman que las creencias sexuales de los adolescentes pueden verse afectadas por el porno: es posible que dé lugar a actitudes poco realistas respecto al sexo y a que los muchachos vean a las mujeres como objetos sexuales.
“La exposición a imágenes sexuales y violentas afecta tanto a la infancia como a la juventud”, aseguran los ingleses, y además “hay una conexión entre las actitudes violentas y las imágenes violentas”.
Sexo a una edad muy temprana
Un estudio alemán, publicado en Hablemos de Sexo y Amor, también demostró que el porno influye en las ideas que los adolescentes tienen sobre el sexo. Según el análisis, tanto los chicos como las chicas que miran mucho porno tienden a pensar que las personas pierden la virginidad a una edad muy temprana y que, en la vida real, la gente practica el sexo de tantas maneras diferentes como en el porno.
Sorprendentemente, se demostró que los jóvenes que se sentían más estrechamente controlados por sus padres tenían mayor tendencia a mirar porno. Por el contrario, los adolescentes que se sentían libres miraban menos porno
Lo que opinan los adolescentes
Los investigadores tienen mucho que contar sobre los efectos del porno, pero ¿se ha parado alguien a preguntarle a los adolescentes qué es lo que piensan? Eso es exactamente lo que ha hecho un reporte sueco. Encuestaron a más de 50 adolescentes de entre 14 y 20 años sobre sus opiniones sobre el tema. El resultado de las entrevistas fue que tanto chicos como chicas eran conscientes que había grandes diferencias entre las fantasías masculinas del porno y el sexo y las relaciones en el mundo real.
Por lo tanto, ¿se le puede echar la culpa al porno de ser una mala influencia en la vida sexual de los jóvenes? Pues depende tanto de a quién se le pregunte como de quién haga la pregunta. Aún no se ha dictado sentencia.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Conoce las zonas erógenas de tu pareja y hazla temblar de placer


 

“Frecuentemente las preguntas que recibo son muy específicas y tratan directamente sobre situaciones relacionadas con los genitales. Olvidan que existen tantas otras áreas que nos brindan placer”, cuenta la sexóloga Alessandra Rampolla.

“Acariciar es un arte. A través de las caricias la mayor parte de las personas logra su mayor excitación sexual, imprescindible para una buena orgásmica”, agrega la especialista. Y propone repasar algunas de las zonas más erógenas de nuestro , recorriendo la arriba hacia abajo:

* y cuero cabelludo: las caricias en esta zona ayudan a liberar tensiones al comienzo de la relación sexual. La es esencial para que se pueda generar buena tensión sexual en el cuerpo.

* Orejas: la parte de atrás de las orejas y el pabellón aumentan en sensibilidad a medida que la persona va excitándose.

* Nuca, y hombros: son, al igual que las orejas, algunas de las zonas erógenas más populares.

* Ojos: besitos suaves sobre los estimulan los nervios parasimpáticos de los párpados y producen una relajación que hace más sensible la relación.

* Boca y lengua: no las debemos olvidar como zonas de gran erotismo. ¡Los besos no son sólo para comenzar la relación!

* Zona axilar y interna del antebrazo: son áreas en las que la estimulación manual puede resultar muy placentera. Sin embargo, requieren un especial: ¡cuidado con las cosquillas!

* Dedos: muchas personas disfrutan de la estimulación oral de los dedos, así como de la imagen visual erótica que se crea mientras la pareja coloca deditos propios o ajenos en su boca.

* Columna vertebral: a sus costados tenemos una serie de nervios que pueden estimularse manual u oralmente, subiendo y bajando a lo largo de la espina dorsal.

* Parte baja de la espalda: resulta especialmente sensible para muchas personas, ¡no la olvides!

* Perineo: la zona que se extiende entre los genitales y el ano es un área de alto erotismo. Es sensible tanto a caricias manuales como orales. Lo mismo ocurre con el ano, cuya estimulación, tanto en el hombre como en la mujer, provee una excelente plataforma orgásmica.

* Parte interna de los muslos: dada su cercanía a los genitales, resulta sumamente erótica en los juegos de caricias.

* Pies: suelen proveer gran placer al ser tocados o besados. Con ellos es importante cuidarnos de las cosquillas.

domingo, 3 de noviembre de 2013

La historia del 69, el número más erótico



Facebook

Para muchos el número 69 nivela el yin y el yang. Para otros, representa la cumbre del placer oral. Lo cierto es que esta postura iguala a ambos miembros de la pareja y es parte de “la previa” desde que el mundo es mundo. Pero, ¿por qué se llama así? Conozca su historia.
“Uno más uno es 69: dos personas entrelazadas una sobre la otra, específicamente sobre su sexo”, célebre frase del escritor surrealista Raymond Queneau para describir una de las posiciones del encuentro amoroso. Postura infaltable en la batalla entre las sábanas, parte indiscutida de la previa, número erótico por excelencia, mucho se ha dicho sobre el origen de su nombre. Esta es la verdadera historia.
El año de la revolución (sexual)
Francia le puso el nombre, imaginativo por cierto, hace mucho tiempo. Y así permaneció en el argot de las clases más populares, limitado a los prostíbulos y los peep-shows hasta ¡1969! Ese año, el dúo formado por Serge Gainsborough y Jane Birkin –famosos ya por su “Je t’aime moi non plus” – proclamaron al ritmo de su música “¡69, año erótico!”.
A partir de ese momento, y cual explosión orgásmica, el nombre de esta postura superó todas las fronteras e idiomas convirtiéndose en un clásico hot que equipara a los dos miembros de la pareja: ambos dan y reciben, lo que está abajo puede, luego, estar arriba.
El arte del amor
Desde hace más de dos mil años esta posición se practica en Oriente y, además, tiene un nombre particular. En el templo Laksmana de Khajuraho, en la India, construido en el siglo X a.C., se ven apasionadas esculturas en lo que Vatsyayana denomina en el Kamasutra “kalila” o “postura del cuervo”. Seguramente, esto se deba a la costumbre de estos pájaros de entrelazar las cabezas.
Bien visto también en el Taoísmo, el 69 es un símbolo taichi en el que el yin y el yang fluyen en armonía. En el Tantra, esta práctica crea una corriente energética entre los amantes que nivela e integra los planos físico y mental.
En Occidente, en cambio, hubo que esperar hasta mediados del siglo XIX para ver el arte de la erótica plasmando la postura. Del año 1848, una litografía de Achille Devería, da el primer testimonio de este placer amatorio que aún el lenguaje no se animaba a nombrar.
Un juego de a dos: las tres diferentes posiciones
El 69 se asemeja al dibujo que representa el signo de Cáncer, un signo de agua.
Cual dioses del erotismo, los amantes que practican esta postura se adentran en los secretos más íntimos del otro: la “fellatio” se convierte en tocar la flauta de jade y el “cunnilingus”, en beber en la fuente de jade.
En el Kamasutra del amor, la ubicación tradicional sitúa a la mujer acostada de espaldas sobre la cama con el hombre arriba. Para los más osados, otra posición encuentra al hombre de pie mientras la mujer, con las piernas anudadas a su cuello, posa la cabeza en su miembro mientras recibe placer. Finalmente, la versión francesa, en la que ambos se cruzan acostados de lado para, así, explotar de pasión.