martes, 24 de septiembre de 2013

¿Por qué elegimos a nuestra pareja?



Cierto es que lo que observamos en familia influirá en la posibilidad de analizar la inclinación hacia estar o no con alguien.
Debemos tomar en cuenta que el amor debe ser una sensación placentera y que no parte de la idealización fundamental de únicamente ser amado. Por el contrario, se debe tender a la libertad en el sentir amor, dando rienda suelta a la confianza de ir sintiendo con actitud natural y espontánea la interacción amorosa.
Desafortunadamente muchas personas se precipitan al entrar a una relación motivadas por el temor a la soledad y en ese momento es cuando confunden el amor por necesidad o la necesidad por el amor.
Elegimos justificando inconscientemente ya sea comparando o imaginando situaciones, intentando amoldar la propuesta de relación de pareja ya sea a modelos a imitar, generalmente de familia o a situaciones que nos rodean.
El error principal al “elegir” pareja es buscar en él o en ella a nosotros mismos no dándonos la oportunidad de complementar nuestra vida con la de alguien más. Pero resulta que de inicio no tenemos la opción de elegir, ya que esto implicaría tener enfrente varias propuestas para de ahí analizar cuál es la que más se amolda a nuestra imaginación o a nuestros ideales y en la realidad no es así. Nos vamos relacionando con las personas que llaman nuestra atención para formar una pareja, en donde hay factores que permiten pronosticar el éxito en esa relación como es la religión, el estilo de vida, el gusto por el arte, los valores, etcétera. Es decir, no existe un punto de partida mecánico en donde cada quien pueda estar listo para elegir con quién se relacionará. Este proceso es cuando el ser humano requiere sentir aceptación y compañía, para de ahí desencadenar una serie de experiencias variada