viernes, 6 de septiembre de 2013

París para enamorados.



Desde museos dedicados al amor hasta besos en las alturas o dulces con forma de corazón, la capital francesa confirma su fama de ciudad romántica, aquella que perpetuaron la literatura, el cine y la comida francesa, está lejos de ser un mito.  Es una de las capitales más visitadas por turistas en el mundo, donde, una buena cantidad de ellos, viajan por razones románticas.

En el museo están Paolo y Francesca, Romeo y Julieta: puede ser entonces un buen punto de partida para el recorrido romántico de París, la ciudad que desde los tiempos de Eloísa y Abelardo (los amantes medievales cuya tumba es una de las más visitadas del cementerio Pére-Lachaise) es refugio de enamorados y escenario de historias de amor. Hasta en sus callejones recónditos donde se ven jóvenes enamorados repartiendo el amor en el aire, desprendiendo destellos de romance y pasión.
La exquisita pâtisserie donde se elaboran los más célebres macarons de París, invita al éxtasis amoroso con sus postres en forma de corazón. Con una caja de sus delicias se puede caminar hasta el Pont Neuf, que (como el nombre nos lo indica) es el más antiguo de París y fue el primero en cruzar de orilla a orilla el Sena con balcones para detenerse a mirar el curso del río. Puente que logró conectar la ciudad y así los corazones de muchos parisinos en su época.
Los chicos también llevan a sus novias hasta el Pont Marie, porque es el que en realidad se conoce como puente de los enamorados, y donde dice la tradición que hay que pedir un deseo (sin revelarlo, por pena de que no se cumpla). Sólo que la tradición especifica que el deseo debe pedirse bajo el puente. Y mejor si es en el atardecer, la hora en que París revela todo su potencial romántico, el momento donde todo se envuelve en una vorágine de perfección novelística que estremece hasta los corazones más firmes. Un par de bancos de piedra a la sombra de un árbol, iluminados por un farol que hace las veces de faro, son el refugio ideal de los enamorados de los bancos públicos que, según Georges Brassens, los eligen para besarse indiferentes a las "miradas oblicuas a las personas honestas".
A  París no podía faltarle su Museo de la Vida Romántica. Tal vez sea menos visitado que el Louvre (complejo artístico donde se encuentran varios de los museos más importantes de Europa), pero sin duda mucho más apto para enamorados deseosos de una visita intimista. El edificio conserva un jardín de aires decimonónicos, de perfumadas rosas a la antigua, y un salón de té abierto en el invernadero, perfecto para un tête-à-tête de abril a octubre.
Aterrizar al pie del Mur des Je T'Aime, un muro del amor de diez metros de ancho por cuatro de alto, donde las palabras mágicas -je t'aime- están escritas en 311 idiomas, es una de las fases románticas mas intensas que los enamorados pueden vivir en París. En el décimo octavo distrito de París, en el recóndito rincón de una pequeña placita. El muro fue idea de Frédéric Baron, un artista que pidió a sus vecinos extranjeros que escribieran te amo en sus respectivos idiomas, para crear la obra como símbolo de unión entre los hombres.
La ciudad, sin duda, tiene muchas otras plazas románticas para un paseo de a dos, por ejemplo los fantásticos jardines de las Tullerías y del Palais Royal, donde los enamorados pueden jugar a perseguirse como chicos entre las columnas de Buren. Y si se diera el caso de una discusión de enamorados, hay que apagarla con un beso en el quiosco que domina el Parc des Buttes-Chaumont, donde se cuenta que el zar Alejandro I dio en 1814 la orden de cesar los combates, apesadumbrado ante la vista de una París en llamas.
Al día siguiente habrá llegado la hora de pensar en un beso en las alturas. A pesar de las limitaciones edilicias que hacen de París una ciudad armoniosa de techos relativamente bajos, la Torre Eiffel ofrece uno de los panoramas más románticos para las parejas con los pies en las nubes: más aún si es cuando oscurece y comienzan sus miles de destellos. Es por naturaleza romántica y arquitectónica, el sitio más visitado de París  Recibe alrededor de seis millones de visitas al año, lo cual la convierte en un símbolo turístico mundial. Pero además de eso, también es denominada (por opinión propia) el símbolo arquitectónico del amor en el mundo. Es de saber, que cualquier persona que vea una imagen de la Torre Eiffel, ya sea en fotografía o pintura, la relaciona con el amor.
Esa fue la razón principal por la cual me tatué la torre Eiffel en la espalda. Buscar una razón para tatuarse siempre es importante para tomar esa decisión. La mía fue el amor, y, además de que me encanta la torre por ser bella en su forma, me fascina el romanticismo que la envuelve, es un verdadero símbolo para París, con amor. 
Escrito elaborado en relación a artículos leídos de sitios turísticos y románticos de París. 
Les dejo una recopilación de imágenes  de la torre Eiffel.