viernes, 6 de septiembre de 2013

Dos besos. ¿Cómo comienza el amor?

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 ¿Te has preguntado cómo comienza el amor?
      Seguramente no, pero a mi se me ha hecho un sutil nudo en la garganta pensando en eso, y en ti. Existen millones de incógnitas y variables a la hora de determinar cuándo es amor, cuándo es ilusión, mentira, verdad o fantasía. Pero, ¿Es más importante detenerse a determinar en vez de sentir? Pasar de no sentir nada a hacerlo es suficiente para saber que un ronroneo de la palabra “amor” se genera en nuestro interior.

      Mi amor comienza de varias maneras, contigo, por ejemplo, empieza con el texto que acabo de recibir tuyo donde escribes: “¿Todo bien?” Y si, todo bien, porque aunque lleve siete horas con dieciocho minutos sin escribirte una sola palabra, pasé cada minuto, bueno, casi cada minuto, pensando en el por qué de éste escrito. Me gusta pensar en ti, me tranquiliza en vez de darme miedo por tu intolerancia repentina o mi inválida de emoción fantasmal. Siento paz cuando estoy contigo y cuando me abrazas, así como cuando a veces, te hago reír por cualquier tontería, y más frecuentemente cuando intentas callar tus pensamientos pero destellas con la mirada esos sentimientos ahogados y esas ganas de explorarme, y aun así, solo dejas puntos suspensivos en el aire que yo interpreto como amor, aunque no lo fuesen.
      Es frecuente la necesidad que tengo de saber muchas cosas acerca de ti: cómo estás y qué estás haciendo, qué te dice tu mama acerca de cualquier cosa, cómo te sientes de salud y cuál es tu estado de ánimo, qué comiste, o si te bañaste o simplemente si has sonreído en el día… saber que tu ex no te moleste, que superes a tu ex; saber si me quieres más o te doy igual, si piensas con frecuencia en mi tanto como yo en ti, si soy lo primero que piensas al despertar o si soy lo último que piensas al dormir. No tengo necesidad de ti, sino de nosotros. Todos los amores que comienzan callados guardando secretos y palabras contenidas en miradas o silencios, tienen cierta garantía de interés y durabilidad. Soy esa clase de (pocos) chicos probablemente aburridos y ligeramente viejos que se sienten bien estando con alguien y únicamente con esa persona, si esa persona es capaz de ofrecerle lo que él necesita. No te diré qué necesito, eso lo puedes descubrir tú. Pero yo si se qué necesitas tú: no es precisamente a mí, sino algo de mí que no aun has descubierto, por eso sientes esa curiosidad y ansiedad que intentas enterrar en murmullos de tierra.
      Sé que me extrañas, porque seguro habrás pensado quizá unas cinco o veintitrés veces en mí al cabo de estas siete horas en las que no hemos cruzado ni una sola palabra. Y así comienza el amor para ti, extrañando a ese, loco, estudiante, dizque jefe y medio escritor que conociste en el templo de los futuros esclavos asalariados. Quizá ésto parezca una carta dirigida especialmente a ti, pero no es así, es una carta dirigida especialmente a las miles de personas que no se detienen a pensar cómo comenzó su amor. A ti va dirigido especialmente un sentimiento sencillo y prematuro de decir que te quiero porque eres hermosa, única y otro montón de determinativos dulces que probablemente te hagan sonreír, pero debo confesar que también me siento asustado, y por eso no lo diré. Aunque si eres hermosa y única, pero eso ya te lo dije una noche casi bajo las estrellas y con mucho frío cuando hablamos precisamente acerca de la frase sin consistencia “Dos besos” y su por qué.
      La razón de esa frase es precisamente la razón de éste escrito. Eres única ya te lo dije, como cada mujer sobre la tierra, pienso que ninguna mujer es igual a la otra y ningún noviazgo es lo suficientemente similar a otro para determinarlo como igual. Dos besos, se me ocurrió una noche donde pensaba: ¿Pero por qué un solo beso? ¡Si dos son mejor! Y entonces te escribí: Dos besos, y así comenzó. Me gusta la idea de pensar que ésto es más que solo un método para persuadir a la soledad o al tiempo, de que tu eres real y que aunque tengas miedo como muchas personas que sufrieron por amor, tienes la certeza y la suficiente valentía como para aceptar que te gusto más de lo que quieres y más de lo que necesitas. ¿Y qué importa cuál es la cantidad del sentimiento cuando los dos sienten? Es decir, tu sientes lo mismo que yo, creo que en el mismo grado y la misma cantidad, entonces no hay nada que perder. Alguna vez escribí que existe un círculo vicioso dentro del amor donde por miedo dos personas pretenden esperar que la otra diga: “te extraño demasiado” y entre pretender y pretender perdieron su tiempo; no dejemos que el nuestro se pierda pretendiendo guardar cautela por una sensación de inseguridad que vela en nuestras sombras al acecho del amor.
     Hermosa mía, y no es que yo valiéndome de la palabra “pretender” pretenda que me quieras o seas mi novia… pero si pretendo algo: cuando estés acostada en tu cama casi sin ver nada por la oscuridad del cuarto, ya en la noche antes de dormir, piensa en cada una de las palabras que hasta ahora te he dicho o escrito, (al menos en las que te acuerdes) luego piensa en mí como un furtivo mago que realiza trucos mentales para adivinar lo que piensas totalmente fuera de explicación racional, porque no comprendes como es que puedo saber lo que tienes en la mente si apenas te conozco, luego sonríe con esa sonrisa de felicidad y miedo, y luego duerme. Después que repitas eso unas cuantas noches, las que tú quieras, toma una decisión: La de mirarme a los ojos y decirme…
      Y no, no estoy siendo ni si quiera romántico, pero el amor comienza así, con miedo hasta de escribir algo bonito… No es sencillo querida mía, podría; si quisiera escribir sobre amor sin sentirlo, pero escribir sobre amor sintiéndolo es como conversar con Dios, es caminar sobre la verdad pero al filo de la mentira, donde tu sombra te amenaza constantemente con una daga y tú la puedes ver, pero no la puedes tocar. De cualquier modo, me siento complacido de haber escrito  cómo es qué comienza el amor: El amor comienza de muchas maneras y con diferentes palabras, y me permitiré nombrar cuales han sido esas palabras en los únicos tres amores (verdaderos) de mi corta vida:
1.- Desinterés: Me mostré desinteresado por ella, y acabé amándola como no lo había hecho antes en el mundo. (V.P)
2.- Miradas: El desasosiego interior que me causaba su mirada terminó sumergiéndome en un mar y mal de amores. (A.V)
3.- Interés: Era más interesante que hermosa, más hermosa que dulce y más dulce que inocente, resolví volverme loco por ella, y lo fui. (G.G)
Y, aun no le daré un número a éste, pero vamos a ser armoniosos y pongámosle un par de letras: 
DB.- Dos Besos: Es ricamente irónica, sarcástica y pedante en ocasiones, pero dulce y débil  como un cupcake, es como las razones de este título, irónica, porque aun no la he besado.