viernes, 6 de septiembre de 2013

Crónicas de un Orgasmo.

Desde esa vez no volví a ser el mismo, no deje de pensar por mucho tiempo en ella, mi vida paso completa entre pensamientos y acciones sin sentido que asesinaban mi tiempo acercándome cada vez más a la muerte, pero lo que sucedió ese día no lo pude olvidar nunca, ese gemido que cautivo mis sentidos y los suyos, el gemido de su primer orgasmo…

No recuerdo como la conocí, no recuerdo mucho su rostro ni su voz, recuerdo perfectamente su aroma, su cuerpo, sus manos, su cabello, su boca y “su punto G.” También recuerdo que la ame, la amo y la amare el resto de mi vida.

Hace muchos años éramos un par de jóvenes, (muy jóvenes) en busca del sentido de la vida, del amor y del placer, aunque de placer no hablábamos nunca, tímidos y estúpidos deseándonos el uno al otro de una forma muy intensa. Una cama solitaria, un cuarto a media luz que proporcionaban un poco intimidad, el sonido de las ventanas de una ciudad rechinando en nuestros oídos, y un espacio de tiempo donde estábamos totalmente solos, besándonos, así comienza una experiencia que le cambio la vida a ella, callada y temerosa, temblando de deseo, siempre sin demostrarlo.

Empiezo a besarla intensamente, intentando recorrer su cuello y bajando por el centro de su pecho cubierto, ella intenta detenerme por el miedo que siente a perder el control, pero nota que ya no lo tiene, mi boca posada sobre su cuerpo es quien tiene el control, empecé a quitarle la ropa lentamente sin dejar de besarla, era justo lo que ella quería, siguiendo con un recorrido lento en su cuerpo, respirando sobre su piel descubierta, aún tenía la ropa interior que estorbaba a mi deseo de poseerla con mi boca, le doy vuelta a su cuerpo y le quito el sujetador, se sonroja... beso su espalda totalmente desnuda y lentamente voy bajando con mis labios pegados a su piel, la beso, su piel se eriza completamente, ella siente como nunca, y yo la beso como nunca.

La gravedad me empuja hacia abajo y mi boca no quiere dejar de recorrer ese cuerpo casi desnudo que toca, mordisquea y besa apasionadamente, ella se da vuelta y me besa apasionadamente porque es lo único que desea hacer. Lentamente le quito por completo el sujetador y continuo besándola,  la delicadeza de mis besos le hace saber lo mucho que la quiero. Beso su cuello y bajo tan despacio que, para ella, ese momento es casi eterno. Acaricio, beso y juego con su pecho de la manera más gentil... Sus gemidos me hacen saber que quiere y desea que continúe haciendo lo que mejor se hacer, besarla... Mi boca se estaciona en su abdomen  y juega con su ombligo, baja beso a beso, y encuentra una barrera de tela que le estorba, mi boca desea seguir.
Ella me pide que no siga…
Pero mi boca ya no se puede detener, el deseo la domina, las sensaciones que producen en su cuerpo son inexplicables, mis labios están tan rojos como las marcas que han dejado en su piel, ellos mueren por sacar del medio ese trozo de tela que les impide tocar lo que nadie ha tocado, en tanto empezamos a arder en llamas por dentro, nuestros corazones se aceleran a un ritmo descontrolado pues mi boca se acerca a la parte inferior de su cuerpo aun cubierta por su ropa interior, beso sutilmente su abdomen y como antesala de lo que viene bajo un poco ese trozo de tela para besar acariciadamente su abdomen bajo. Ella quiere controlarme tomando mi cabeza he intentado retirarla de la zona por el nervosismo causado, pero el deseo es tal que, se relaja y yo continuo con esos besos que hacen que se le erice la piel.

Quiero que disfrute ese momento al máximo y me encargo de que así sea. Sin quitar la parte inferior de su ropa interior introduzco lentamente mi mano en esta zona y noto lo húmeda que esta. Acaricio y froto lentamente su monte de Venus; noto que su nerviosismo ha cesado y me dispongo a retirar la única prenda de ropa que faltaba para que ella quedase completamente desnuda. Me  besa porque, aunque no lo demuestre, está nerviosa y mis besos la calman. Beso, saboreo y acaricio todo el camino que he marcado con mis labios hasta la entrada de ese lugar... Beso la parte baja de su abdomen de nuevo y ella solo siente placer, no piensa en nada, pierde el control de sus pensamientos, quiere que siga pero yo me detengo en momentos, me gusta tenerla así, deseando más. Sus ganas aumentan, e inconscientemente baja un poco mi cabeza con sus manos, ubicándola justo al frente de esa parte de su cuerpo que desea ser besada.

Sonrió porque eso era lo que quería. Una vez ahí me dedico a besarla, acariciándola con mi lengua.  Ella, trata de ahogar sus gritos convirtiéndolos en pequeños chillidos que me excitan cada vez más, subo de nuevo y beso su boca para intentar calmar esos gemidos que no quiero que nadie escuche. Bajo poco a poco y sigo besando, acariciando y demostrando cariño de esa manera tan particular. Me enfoco en besar y suavemente masajear ese "botoncito" que la hace acercarse cada vez más al placer, noto que su espalda se arquea, sin apartarme de allí sigo besando y "jugando" mientras que con una de mis manos toco su pecho. Entre gemidos me pide que me detenga pero no lo hago porque sé que en realidad eso es lo que menos desea y continúo.
Ella hace presión con sus manos sobre mi cabeza porque ya no lo soporta... Las sensaciones son muchas, comienza a sentir pequeños espasmos que la hacen gemir, su espalda se arquea y un pequeño grito me deja saber que llegó al clímax, la humedad generada en esa zona emana una lluvia de feromonas al aire, la hice sentir ese orgasmo que tanto deseaba. Esa zona por ahora era mía y yo era el primero en conocerla; el sentimiento de placer se posaba sobre su rostro y su respiración deja de ser acelerada, se convierte en jadeos que intento calmar con besos… Ella, me besa agradeciéndome por haberla hecho sentir como nunca nadie antes lo ha hecho,  la satisfacción que siente los segundos siguientes es inolvidable, y mi boca, autora del hecho queda sumamente satisfecha, haciéndome sentir placer.
“Ultimo gemido, encontró un punto incontrolable, penetro mi piel, me dio placer… y ahora soy adicta.”