viernes, 6 de septiembre de 2013

Carta para el Burócrata Paleto de un Venezolano sin papel.

 

 

 

   






 Me dirijo a usted con un saludo respetuoso, porque lo revolucionario y patriótico se me quedó atrás, hace unos años, cuando dejé de sentir que tenía patria. Quiero expresarle mi más profundo antagonismo hacia su gestión, y voy a ser directo, porque debe usted estar muy ocupado en sus asuntos oficiales, seguramente, sin tiempo suficiente como para leer las palabras de un ciudadano dueño del país que usted preside. Ya, como todos saben, existe una mitad del país (que es la única mitad de sólo dos),  que, por desdicha, escribe y habla todos los días acerca de los desacuerdos con su actual gestión, claramente, consecuencia de la decadente gestión de su antecesor que, de seguro, ha de estar vagando por allí, y no volando como usted cree, arrepintiéndose, enormemente, de la última decisión importante que le anunció al país en cadena nacional de radio y televisión.

     Pero es que, señor burócrata, no podemos hacer más… Usted pensará: “Si no están de acuerdo conmigo, pues se la tienen que calar, porque yo soy el presidente”. Y sí, es así. Pero permítame continuar escribiéndole cuán desagradable es tener que despertar todos los días, sabiendo que tengo a un paleto como presidente, que dicho sea de paso, yo no elegí. Si hacemos lo que usted quiere, y lo que muchos como yo quieren: protestar, de una vez usted en un discurso demagógico, convoca a la otra mitad del país (de únicamente dos, le recuerdo),  para defender su causa, (después le escribiré sobre su causa),  y entonces, se genera una convulsión parecida a la producida por el choque de una bomba con otra y, por eso, no lo hacemos. Nosotros queremos preservar nuestra vida, creemos que la vía de la violencia no es la más conveniente. Entonces, yo le pregunto ¿por qué no nos deja protestar en paz?  ¿Qué tiene de malo que un ciudadano del país quiera acercarse a Miraflores con una pancarta, gritando consignas en contra de su gestión? Total, Miraflores está custodiada por un centenar de guardias recién armados, con rifles de última generación y de alto calibre. ¿Qué puede hacer un pedazo de papel fosforescente rayado con marcador, contra la descrita atmósfera del lugar? ¿Por qué no se permite ser criticado?
     De la misma manera cabe mencionar, señor burócrata, la constante presión que usted ejerce sobre los medios de comunicación privados del país, dejándolos ahogados, solo por el miedo que usted tiene de que las opiniones se expresen de manera libre y contundente. Yo sé que usted y todos sus camaradas (que no son los míos), saldrán diciéndome que gracias a esos medios de comunicación, su antecesor fue casi echado del país por un usurpador que, sí, realmente fue un usurpador, pero, claramente, eso no es lo que importa. Si usted está tan seguro (como asevera estarlo), de que está haciendo las cosas  bien, pues deje que todos digan lo que quieran, así funciona esta sociedad, cada quien debe tener el legítimo derecho de expresar, cuando desee,  lo que piensa sobre alguien o algo. Se lo digo yo, que vengo de un pueblo muy pequeño donde la gente, para no aburrirse, habla mucho. Pero no, usted cierra canales, compra otros, crea muchos nuevos, hace páginas web, comerciales, obliga a los canales privados a transmitir micros que usted crea acerca de lo maravilloso que es vivir en socialismo, o sobre temas relacionados de similar índole. Además, usa sus ministerios y, casi a dedo, otros poderes públicos que, teóricamente, deberían ser imparciales, para levantar cargos y sanciones administrativas contra canales televisivos y medios impresos privados. Por favor señor burócrata, ¿acaso no se da cuenta de que así comienza el comunismo?
     Es interesante mencionar la palabra comunismo, porque yo creo que todo gira en torno a ella misma. No me refiero a comunismo literalmente, sino a todo lo que el significado de esta palabra comprende. Un tío bastante sabio, al que respeto mucho y considero un padre, ha intentado, insistentemente, explicarme cómo fue que comenzó todo esto del socialismo en nuestro país y por qué su antecesor era un ilustre de ideas (estoy de acuerdo con él en eso de lo ilustre que fue en ideas nacionalistas). Pero, la idea inicial del socialismo, es una utopía Marxista que se compara con la idea de Dios de querer que todos seamos personas no pecadoras. Vivimos en una sociedad donde la cultura contemporánea responde, únicamente, a los intereses del mercado, donde todo es un negocio y donde el tan mencionado “capitalismo”, está plantado en nuestra tierra, conocido también como: petróleo. ¿Por qué digo que es una idea utópica? Bueno señor burócrata, porque yo sí estoy de acuerdo con la teoría que alguien propuso alguna vez, donde exponía que, para cambiar por completo a una sociedad, habría que reculturizarla durante al menos, sesenta y ocho años; entonces, es necesario un par de generaciones de cambio para sembrar la semilla de la nueva cultura en nuestra sociedad, borrando, o intentando borrar, los vestigios malignos de nuestro pasado y, es entonces allí, cuando una sociedad, cualquiera que fuese, pudiera pensar que existe una posibilidad de cambio distinta, en un cambio cultural, social y económico, verdadero.
     Pero su antecesor y usted, al parecer, no leyeron realmente a Carlos Marx. Y no es que yo lo haya leído, probablemente algún día lo haga, pero no se trata precisamente de indagar sobre sus teorías económicas, o filantrópicas, sino de comprender por qué su conciencia resultó en los saberes que dejó al mundo. Comprender esa razón y leer lo que ha sucedido con los países donde se crearon estas doctrinas comunistas (que tienen que ver directamente con el socialismo), es entender que en un país como el nuestro, introducir dichas doctrinas, es como intentar embutir de alimentos a un niño pequeño hasta que llegue a vomitar. La idea del socialismo no es mala, yo, personalmente, comparto muchas ideas de los prestigiosos y rebeldes próceres revolucionarios del siglo pasado y de este, porque me gusta la idea de que todos los ciudadanos de un país, tengan las mismas oportunidades de crecimiento y desarrollo personal, de acceso a los bienes públicos y a una calidad de vida confortable, plácida y pacífica. Pero, demonios, salgo a la calle todos los días, camino, uso el metro, recorro, observo,  y analizo la realidad que tengo frente a mí, y es como si el país me diera una cachetada cada vez que vocifero alguna palabra acerca de mi responsabilidad como ciudadano.
     Resulta que, en estas condiciones “iguales” en las que su antecesor y usted nos han intentado sumergir, se han dejado muchos cabos sueltos, y le explico por qué: las ideas socialistas iniciales fueron muy buenas, prácticamente se acabó con el analfabetismo, eso fue muy importante, quiero acotar, porque el hecho de que una persona pueda escribir su nombre y firmar algún documento, o leer algo,  aunque sea muy lentamente, libera a un pueblo de la total ignorancia. Por eso, fue un avance cultural tremendamente significativo. Luego, es importante resaltar el increíble esfuerzo que se hizo para promulgar un sistema bastante estratégico, que permitiera abordar ciertas necesidades latentes en la sociedad de entonces, enmarcando así, la creación de instituciones educativas gratuitas, la implantación de planes alimenticios, la  reforma de leyes para generar más derechos en la clase obrera, la generación de posibilidades de adquisición de créditos agropecuarios, la nacionalización de las empresas básicas y otras de importancia con lo que a nuestra soberanía respectaba, incluso, un esfuerzo para darles el puesto merecido a la cultura, a las artes y al talento nacional, etc. Puesto que, en la cuarta república, se tiró a la basura. Hago  mención apenas de estas obras, porque no dio ni siquiera tiempo de que yo creciera lo suficiente (en ese entonces tenía unos once o doce años), para terminar de ver los efectos positivos de todas estas políticas, y justo en ese momento, todo empezó a declinarse. Es decir, esto fue como una parábola, su antecesor comenzó muy bien, con un rating de popularidad nunca antes alcanzado por ningún presidente de este país, tuvo buena iniciativa y grandes ideas, yo, personalmente, lo considero un verdadero visionario y elemento catalizador de la igualdad y unidad latinoamericana, pero luego del golpe de estado que la oposición llevó a cabo en el 2.002, todo vino en declive.
     Lo que yo supongo que sucedió, fue que los que estaban a su alrededor en ese momento, es decir, usted y toda la cuerda de malos hombres (por no usar términos despreciativos o insultos), aprovecharon la oportunidad en la que el hombre estaba lo suficientemente convencido de que tenía todo el apoyo popular necesario, tanto  como para no dejar de gobernar por ninguna causa (y lo tenía), oportunidad en la que ustedes, con su radicalismo y ambición de poder (como todos los hombres que nunca llegan a ser felices), se empecinaron en una nueva y flameante idea: El socialismo del siglo XXI. Ese fue el punto de inflexión de la parábola, porque a partir de allí, de la radicalización de las ideas, fue donde todo realmente empezó a ir mal. Y no lo digo porque la oposición de ese entonces estaba en desacuerdo con la gestión política de su antecesor más que ahora, sino mas bien, porque fue cuando un sector importante de la población que no era de oposición ni de oficialismo, es decir, la clase media-baja y la clase baja-alta empezaron a sufrir las consecuencias de los cambios que, el fundamentalismo social, propició al país. Lo primero que duele es, claramente, el bolsillo. Los cambios económicos a partir de este punto empezaron a ser tan avasallantes que, más de un venezolano, vociferó algún insulto en contra del difunto. Y luego vinieron las demás consecuencias del declive metódico de la gestión pública. Son muchos los problemas que se generaron y que, muchos venezolanos, hoy conocemos y padecemos día a día, no me permitiré mencionar la deprimente realidad que todos conocen por dos razones: la primera es que esta carta tendría que ser un libro y no una carta, y la segunda, que a sus camaradas partidarios y a usted, como ya mencioné hace algunas líneas, no les gusta ser criticados, y mi intención es que termine de leer mi carta.
     Entonces, llegamos a un punto que yo llamaría: “el punto de la profundización de la estupidez”. No estoy de acuerdo con muchos de los otros burócratas que le hacen oposición a usted en la actualidad, primero, porque fueron cocinados en los mismos caldos que ustedes, y segundo, porque no creo, en lo absoluto, que el país esté pasando por la peor crisis desde que somos independientes, hace ya un par de centenarios. No estamos tan mal. Si uno lee un poco más, comprende que en Siria, por ejemplo, están mucho peor, e incluso, en algunos países de Europa, también. Estados Unidos no se queda atrás, pero allá es diferente, porque la gente está como hipnotizada, lo que ven en la televisión es lo que creen que es real (esos sí que están mal). Pero, señor burócrata, no me venga usted con su retahíla de mentiras y su eslogan de que “Ahora si tenemos patria”, porque, demonios, hace unos días no tenía papel con qué limpiarme el culo, y el agua se estaba yendo de las tuberías, menos mal que yo soy un tipo sencillo y seguí el consejo que alguna vez su antecesor dio acerca de “bañarse con totuma”: tengo un pote lleno con agua siempre, previendo la posibilidad de que se presenta alguna otra situación como la que experimenté en ese momento.
¡Pero cuánto coraje sentí por el hecho de que, en el país que tiene las reservas petroleras más grandes del mundo, no haya papel higiénico con qué limpiarse!
     Y no me venga a decir usted que eso es culpa de los empresarios que no quieren fabricar papel higiénico, o de los comerciantes que lo acaparan, porque bastante convulsionado tiene usted los mercados de Quinta Crespo, Catia y Coche, con guardias, haciendo inspecciones a cargo de los ministerios, para evitar cualquier posible irregularidad de los mismos. De igual manera pasa con la larga lista de rubros que escasean actualmente en el mercado. Usted sí que tiene un serio problema señor burócrata, porque estoy seguro de que su antecesor no se hubiese metido, jamás, con el hambre del pueblo. Pero bueno, eso es asunto suyo.
Por otro lado, además de los infinitos problemas que forman parte de su gestión, de lo sumergido que está el país en la apatía post-electoral y del nivel cultural tan derrumbado que tiene la sociedad actual, quiero mencionar un par de temas que, personalmente, más que molestarme, me entristecen.
     La ideología: Marx, Engels, El Che, Luther King y Gandhi, se deben estar revolcándose en sus cenizas al saber que usted y su antecesor, toman tan importante ideología política, como lo es la igualdad, para hacerse con las arcas del estado Venezolano y poder disponer de ellas a diestra y siniestra. Es decir, desde que comenzaron con el tema del socialismo sabían que su fuerte era mantener y asegurar el apoyo de las masas venezolanas que fueron excluidas en la bien llamada “Podrida Cuarta República”, los pobres (el 80% de la población), y naturalmente, darle poder a dichos individuos, les garantizaría el voto de éstos, existiendo así la posibilidad de mantenerse en el poder gestión tras gestión. ¡Qué bien pensado! Definitivamente, es comparable con el movimiento que haría un jugador de ajedrez ruso para realizar un jaque-mate. Pero, señor burócrata, que dolor de estomago, o no, llamémoslo de otra manera, que ofendido me siento cuando usted y su cúpula de asociados, extremadamente bien asalariados, vocifera una y otra vez la felicidad interminable que implica vivir en socialismo, diciendo que los que nunca fueron “importantes”, ahora sí son tomados en cuenta, lucubrando igualdad social cuando sus mismos agremiados padecen las consecuencias de los desastres económicos que usted, en su cortísima carrera como presidente, ha generado. Que cachetada nos da a cada venezolano cuando predica en contra del capitalismo, y se encuentra rodeado de los hombres más ricos y poderosos de este país (y más ladrones, además), porque, al menos, lo otros capitalistas salvajes, como Cisneros y Mendoza, han trabajado con su familia, desde siempre y hasta siempre, por todo lo que tienen, ¿Pero ustedes? Ustedes no trabajan, usted y los de su cúpula, juegan a ser dioses, manejan a su antojo el destino de treinta millones de personas, sin medir las consecuencias reales que sus decisiones producen en toda la población. Al parecer, hay una mitad de Venezuela, que no existe, que no tiene voz, que no padece, que no sufre y que no llora. Ahora, pareciera que, los llamados capitalistas, que se oponen a su actual gestión, son los nuevos “no escuchados” de este país. Entonces ¿es irónico no?, sí, es irónico que ustedes, santos patriarcas de la igualdad social, les den voz a los “antiguos excluidos” a costa de quitarles voz a los “nuevos excluidos”. Por eso me siento ofendido, pero no excluido, porque aún espero que termine de leer esta carta.
     La ignorancia: Usted es un burócrata paleto. Al referirme a paleto, para nada estoy intentando relacionarlo con el campo, porque hay campesinos más sabios que los antiguos filósofos griegos. Sino que, en realidad, hago referencia a lo que más de medio país (sí, ya no es una mitad señor burócrata. Con el paso del tiempo, la mitad del país ahora es una gran parte de país y la otra, pasa a ser una pequeña parte, de sólo dos, por si no entiende), está de acuerdo conmigo en afirmar que usted es muy poco inteligente para estar en el puesto en el que se encuentra. Primero, para no hundirnos en los antecedentes que todos sabemos, usted está allí puesto a dedo por su antecesor, así como si fuese una hegemonía de la corona (lo cual también es bastante irónico), y segundo, usted no ganó porque “la mayoría del pueblo lo eligió”, no, apenas lo eligieron doscientas cincuenta mil personas más, por lo que yo considero que, buena parte de sus partidarios, no querían que usted estuviera ahí por las mismas razones que no mencioné, además de obviar las dudas que surgen con respecto a su victoria. De usted se burlan, elaboran chistes, caricaturas, parodias y toda clase de señalamientos hacia su persona, a través de adjetivos que derivan en comedia y burla por las cosas que usted dice. A mí, naturalmente, me produce mucha risa, porque los venezolanos somos creativos y chistosos por excelencia, incluso, cuando de nuestras propias desgracias se trata, pero, además de eso, me produce tristeza, como dije anteriormente, porque yo, que no fui uno de esos doscientos cincuenta mil, no me puedo alegrar jamás de que el presidente de mi país, sea medio ignorante. Es usted poco sabio para la responsabilidad que le fue encomendada. No se trata del qué dirán en otros países, la opinión mundial acerca de mi país es tan variable como la subida o bajada del precio del petróleo, y depende, justamente, de ese número, para ser buena o mala. Se trata de lo que opino yo como individuo pensante, ciudadano o elector de este país, es decir, no estoy para nada contento al saber que tengo que poner mi vida en manos de un ignorante. Ando por las calles que usted administra, mi seguridad está resguardada (si es que se puede decir, aún, que está resguardada), por la policía que usted administra, compro y vendo en el sistema económico que usted administra, confío mi salud a los médicos y hospitales que usted administra. Entonces ¿no entristece el hecho de que me despierte sabiendo que todos los días tengo que ser regido por las políticas de un paleto? ¡Por supuesto que sí! Y no me importa como lo llamen a usted todos los demás, para mí, decirle que usted es un paleto, es insulto suficiente para hacerle conocedor de mi profundo y respetuoso desagrado hacia su persona, su gestión, y  todo lo que tenga que ver con su política.